sábado, 20 de agosto de 2011

¡Gracias! Gracias...

Eres dueña de tu vida y, al mismo tiempo, no lo eres. Crees que no llevas las riendas. Eres una sumisa de la vida.

Alguien aparece. Poco importa por qué, cuándo, dónde... Ahí está. Alguien diferente a tu esencia: con determinada trayectoria, paciente, con responsabilidades... Diferente. Te llega dentro. Desapareces. Vuelves a aparecer. O él aparece otra vez. De nuevo, poco importa... Te envuelve. Sois. Aquí y ahora.

Él te enseña parcelas de la vida que antes nadie te enseñó, o que no supiste ver -que quizá es lo mismo- por no ser ellos quienes iban a enseñártelas. Porque él apenas pregunta, te muestra que es posible vivir sin saber, sin querer descubrirlo todo. Él prefiere reservar lo privado a un mundo de dos. Él ve un lugar de silencio en el que tú saboteas eso, el silencio y, tras abandonar ese rincón, te lo dice a solas. Él tiene al tiempo como aliado. Y espera. Siempre espera. Permanece en un salón esperando a que estés lista para desayunar contigo y que tú desayunes con él. No tiene prisa. No te ha dicho “No inventemos la prisa”, pero esa verdad podría ser suya. Él no termina tus frases cuando tu compañera la tartamudez hace acto de presencia; él espera, siempre. Él desea que cuando brindáis mires a sus ojos, como él mira a los tuyos; aunque le expliques que su mirada es demasiado potente para ti, la próxima vez que os veáis querrá que vuestras miradas brinden; eso lo esperará siempre; y lo mejor de todo es que, en realidad, ese “siempre” es “nunca”.

Él agradece.

Y tú, que crees no saber nada y saberlo todo, que siempre quieres saber, que nunca tienes paciencia y nunca esperas, que no te preguntas por qué los espejos retrovisores de un coche son más pequeños que el parabrisas... Tú le dices: “Graciasss”. Y le pides perdón. Sin decirle por qué.

Luego... Sientes dentro de ti que tu esencia crece gracias a él. Si él no está, tú eres. No eres más, ni menos, ni distinta, aunque así lo creas. Si tú no estás, él es. Aquí y ahora.

Respiras. Hondo. Como si quisieras absorber la atmósfera entera. Como si quisieras absorberlo a él. Ahora le miras a los ojos sin bajar tu mirada. Brindas. No, no brindas: brindáis. Observas cómo él te absorbe y te devuelve al universo. Su ser te invita a hacer lo mismo. Intentas. Intentas de nuevo. Lo absorbes y lo devuelves al universo. Y le susurras: “Graciasss”.

sábado, 13 de agosto de 2011

Por muchos motivos, ALEGRÍA

Cuando una cree en algo y el cosmos le ofrece la oportunidad de ponerlo en práctica. Cuando una es capaz de mirar a su alrededor y toparse con tantas buenas gentes y vibraciones. Cuando, además, crecen las ganas de que llegue el 10 de septiembre y de que ese día la huella de las personas con diversidad funcional sea rotunda. Cuando sucede todo eso (ahora), la sensación es ALEGRÍA.

viernes, 12 de agosto de 2011

Luna, silencio, estrella, noche, magia, fugaz... Esencias.

Luna llena, silencio, estrella, noche, magia, fugaz...
Navegando en tierra firme, con pensamientos derivados.
Grumetes de poca monta aprendiendo de sabios capitanes.
Esencias de personas cercanas en la lejanía.
Oteando horizontes.
Tu mirada, en la mía.

Discriminación al canto

Vivimos en un país de libertades y derechos civiles, dicen. Respiramos como si España fuera territorio de avances sociales consolidados. Ay..., pobres de nosotros...

La realidad que no vemos o no queremos ver es que a las personas con diversidad funcional (discapacidad) se nos discrimina.

Casos concretos. Una PDDF (Persona Discriminada por su Diversidad Funcional) no puede formar parte de un jurado popular, de acuerdo con la ley aún vigente, elaborada en 1995. Muy a menudo tampoco puede estudiar en un centro ordinario (no especial), junto a compañeros sin diversidad funcional. Más veces de las deseables una PDDF está destinada a vivir en una residencia, es decir, en un gueto, separada de la sociedad y sin capacidad para decidir sobre su propia vida. De acuerdo con el Código Penal, no se puede esterilizar forzosamente a nadie, salvo si se trata de una persona con diversidad funcional incapacitada por un juez. Hay muchos más lugares y edificios a los que no puede acceder una persona con diversidad funcional que lugares y edificios a los que sí. Cuando una PDDF come fuera de casa, lo raro es que pueda utilizar el aseo in-adaptado del restaurante en cuestión.

Discriminación al canto, ni más ni menos. No a miles de kilómetros, sino en nuestra propia casa. ¿Tan difícil es tener en cuenta que todos somos iguales, pero diferentes?

La Marcha por la Visibilidad de las Personas con Diversidad Funcional denuncia esta discriminación. (Plaza Jacinto Benavente, Madrid, 10 septiembre, 18 h.)

jueves, 4 de agosto de 2011

Diversidad funcional, aquí y ahora

Existen el aquí y el ahora. El pasado ya lo vivimos, mas no es. El futuro quizá llegará, y aún no es. En el aquí y el ahora sí podemos ser, tomando consciencia de nuestra existencia en ellos.
Existen los contrarios. Gracias a la luz, conocemos y apreciamos la oscuridad. Lentitud y velocidad. Actividad y quietud. Sonidos y silencio. Disfrutamos de la luna, en parte, por su esencia contraria al sol. Disfrutamos de él por lo mismo.

Existe el ser humano. Con elementos contrarios que lo conforman interior y exteriormente, el hombre y la mujer evolucionan a lo largo del camino. Ésa debe de ser la clave: crecer, ampliar perspectivas, fijar las bases y diversificar sensaciones, pulirnos a nosotros mismos, mirar a los veinte años de forma distinta a como miramos a los cincuenta, aprender y mejorar respirando a pleno pulmón la vida en la que discurre nuestro día a día. Respirando y respetando. Aquí y ahora.

Y existen los Derechos Humanos. La diversidad funcional (discapacidad) también es vida humana. Vida a veces oculta y vida discriminada. Sin embargo, los diversos funcionales sólo funcionamos, en parte, de forma diferente a como lo hace la mayoría. Ahora convivo con una diversidad funcional y, como hace poco dijo un amigo, tampoco yo cambiaría mi vida de hoy por la de ayer.

Abrir la ventana de una realidad poco conocida, impulsar a la sociedad en su evolución, contribuir a que la diversidad funcional sea visible y no pisoteada, invitar a todo bicho viviente a no discriminar a quienes somos diferentes y, al mismo tiempo, iguales... Para eso hacemos la Marcha por la Visibilidad de las Personas con Diversidad Funcional. La cita, el 10 de septiembre en Madrid.

miércoles, 29 de junio de 2011

Me das vida

Si ponemos un poquitín de atención, podemos escuchar a la vida.
Nos habla cuando, por ejemplo, quedamos con alguien para verlo cinco minutos y ese encuentro se prolonga durante casi diez horas. No estaba previsto. Ni la otra persona ni tú misma lo habíais planeado así. Más bien habíais planeado todo lo contrario: imposible comer juntos, imposible vernos por la tarde. ¿Y? La vida o qué sé yo... lo cambió. Fue posible comer juntos, fue posible vernos por la tarde. Fue posible que me llevaras a un lugar que, con sólo llamarse como se llama, es una especie de comienzo del mundo entero, del universo sin fin. Un lugar bellísimo, en el que pasó de todo. Ya lo conocíamos, lo conocí de tu mano y ese día me lo hiciste conocer desde otro rincón, salvaje y placentero al mismo tiempo, al máximo mismo tiempo.

Tendemos a programar. Queremos programar, programar, programar. Como si nos fuera la vida en ello. Pobres ignorantes, por no darnos cuenta de que es todo lo contrario. Me vienen ahora a la memoria las palabras de un sabio: la vida es peligro puro y duro; vita pericolosa, dijo. Según él, desde que nacemos estamos expuestos a mil y un riesgos, por aquí y por allá. Sin embargo, nuestra tendencia es asegurar la vida: seguros para todo (casa, coche, vida), puesto de trabajo fijo, pareja indisoluble..., todo para siempre. ¿Conclusión?: recorremos la vida a contracorriente de su propia esencia, el riesgo. La vida es aventura; nosotros lo desechamos. La vida es no saber en todo momento; nosotros pretendemos saber antes, durante y después. La vida encierra sorpresas; tengo la impresión de que cada vez menos personas aman las sorpresas y ¡no imaginas cuánto disfruto sintiendo que a ti te gustan!

Me das vida cuando me invitas a arriesgarnos a hacer en un día algo no previsto. Cuando en ese rincón te muestras afín a la vida: tierno y salvaje. También me das vida cuando apareces ante mí como ser experimentado, y como hombre que duda, como persona que se contradice y evoluciona, como ser reflexivo que de una evidencia material (los espejos retrovisores y el parabrisas de un coche) extrae la esencia.

En ocasiones me cuesta mirarte a los ojos porque... me das tanta vida... que la sobredosis de vida no tiene más remedio que salir. Y a veces busca las puertas más accesibles, los ojos. Y se convierte en agua. Y sale. Porque... porque dentro de mí ya no cabe más, porque gracias a ti ya no cabe más.

Intuyo que por eso la vida y tú sois pura tentación... Por cierto, ¿qué se puede hacer con las tentaciones? Pues eso.

miércoles, 8 de junio de 2011

Pensamiento. Otra condición humana es posible

Nueve meses después de aquello hay un momento en que Nieves dice que, si lo llega a saber, hace lo que ocasionó su lesión medular mucho antes de cuando lo hizo. No sabe aún que casi cinco años después va a tener la impresión de haber permanecido demasiado tiempo en un lugar equivocado y de haber perdido ese tiempo de activismo en el rincón al que se siente pertenecer, el de la lucha por los Derechos Humanos de las Personas Discriminadas por su Diversidad Funcional (PDDFs). Y tampoco sabe que un día lamentará su aterrizaje con retraso por no tener historial activista en ese ámbito y porque eso parece que importa... o así lo siente ella.

Marcos, usuario de silla de ruedas, se compra un coche nuevo. Su primer coche. Quince días después, el fin de semana le toca trabajar y no puede ir al gimnasio con su vecino Nicolás y el hijo de éste. Nicolás se lamenta de perder dos días de gimnasio. Marcos le pide que sólo vayan al gimnasio y le presta las llaves del coche el viernes, sabiendo que Nicolás aún no tiene carné para conducir coches adaptados, pero que ha sido conductor de camiones durante varios años en Rumanía. El lunes siguiente Marcos recupera las llaves y ve que desde el viernes el coche ha recorrido 300 km. Nicolás niega haberlo cogido más que para ir al gimnasio. Marcos descubre que el hijo de Nicolás, un adolescente de catorce años, ha cogido las llaves y el coche acompañado por alguien que lo conducía; otros vecinos lo vieron salir del garaje el sábado por la noche.

Chica y chico se conocen a distancia. Deciden verse en persona y ella viaja en su coche hasta donde vive él. Cuando se encuentran, él propone que vayan en un solo coche y ella sube en el de él. Pasan juntos cinco intensas horas, viendo paisajes hermosísimos, disfrutando y conociéndose. Al despedirse él le dice que le gustó que ella viniera y que se subiera en el coche de él como la cosa más natural del mundo, aunque apenas se conocían. Dentro de sí, ella se pregunta por qué no habría de haberlo hecho así. Fuera, sonríe.

Miguel vive en un pueblo. Unos vecinos de su misma calle dan de comer y cuidan a varias decenas de gatos callejeros. Cuando Miguel sale con el coche pasa por esa casa. Debe de haber más de cincuenta miaus. Un día saluda a los vecinos y les dice que es esencial esterilizar a las hembras; ellos le explican que están haciéndolo poco a poco debido al coste económico de las operaciones. A partir de ese día Miguel costea algunas esterilizaciones, compra comida para los gatos y les da en ocasiones dinero a los vecinos para que ellos compren comida. Un día uno de los vecinos le dice a Miguel que no es muy habitual lo que está haciendo. Miguel comenta que es lo que le sale de dentro hacer.

Manuel vive a unos 75 km de Madrid. Empieza a colaborar con un foro de lucha social pro Derechos Humanos. Cuatro meses después fallece una compañera del foro, madrileña. Aunque no la conocía en persona, Manuel siente que quiere ir a su entierro. Y va. Allí conoce a otros cuatro compañeros. Uno de ellos le pregunta cómo es que se ha desplazado hasta allí. Manuel tiene ganas de responderle al estilo de la película “Frankie y Johnny”: chica y chico se conocen en el bar donde trabajan, una compañera fallece, el chico va a su entierro, la chica le pregunta por qué ha ido si no conocía a la otra compañera, y él le responde que por empatía. Pero Manuel no acierta a explicar esto y sale del paso diciendo que ha ido porque no se creía la noticia, porque tenía correos de su compañera de hacía diez días y le parecía increíble que ya no estuviera. Empatía; ése fue su auténtico motor.

En Un tranvía llamado deseo y en Todo sobre mi madre el contenido de la frase de Blanche (Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos) se me revela como la esencia del auténtico humanismo. 

Eso sucede en la ficción. En la realidad quien confía en los desconocidos no es sensato, ni es normal. Lo habitual es desconfiar de aquél a quien no conoces. Dijo Jorge Semprún que el ser humano es capaz de las mayores atrocidades y, también, de lo contrario. A veces los genes, o las esencias personales, o el influjo de los astros concretado en los signos del zodíaco... A veces algo hace que primero pensemos bien de los demás. Y los padres de los hijos que piensan bien de los demás les dicen que se las van a dar todas en el mismo carrillo, y se las dan, pero...

Leo en Periodismo Humano una entrevista titulada Somos los hijos de la democracia y aún no hemos hecho nada por ella (http://periodismohumano.com/sociedad/sociedad-destacado/somos-los-hijos-de-la-democracia-y-aun-no-hemos-hecho-nada-por-ella.html). La entrevistada es Mónica Sala Valdés, activista del Movimiento 15M en París. Le pregunta la periodista a Mónica si es su primera experiencia como activista. Y Mónica responde: “Sí y ha cambiado mi vida en muchos aspectos. Para empezar, el trabajo en grupo y aprender a confiar en los demás sin conocerlos de nada... Es algo para toda la vida: aprender a delegar, el irte a casa sabiendo que otra persona lo va a hacer. Otra cosa: lo que une tener una misma ideología, no política, sino querer cambiar las cosas. Me siento más unida a estas personas que a las que conozco desde hace meses”.

¿Qué menos que creer en lo positivo de la condición humana?, ¿cómo plantearse la vida sin esta sencilla base que alimente nuestro día a día?, ¿por qué no confiamos, de entrada, en las buenas intenciones de los seres humanos?

Me digo a mí misma que no sé cuándo empezó a torcerse todo. Quizá con Caín... Quizá con la omnipresencia del sistema económico capitalista, que nos considera una mercancía, nos impulsa a considerarnos a nosotros mismos como tal, y fomenta que en nuestras mentes anide la idea de que todos somos mercancía. ¿Por qué, para multiplicar mi propia mercancía, he de impedir el desarrollo de la de los demás envolviéndolos en una nebulosa de dudas y temores nacidos de mi predisposición no positiva hacia ellos? ¿Por qué, en el otro lado, no entiendo que el mundo es como es? Me rebelo ante esa realidad y me pregunto por qué no creemos primero en las buenas intenciones del ser humano. ¿Tendría razón Hobbes cuando dijo que el hombre es un lobo para el hombre? No. No lo creo. Mejor dicho: ni puedo ni quiero creerlo. Prefiero creer que otro mundo es posible. Otro mundo y otra concepción del Hombre. Otra condición humana, empezando por nosotros mismos.