miércoles, 29 de junio de 2011

Me das vida

Si ponemos un poquitín de atención, podemos escuchar a la vida.
Nos habla cuando, por ejemplo, quedamos con alguien para verlo cinco minutos y ese encuentro se prolonga durante casi diez horas. No estaba previsto. Ni la otra persona ni tú misma lo habíais planeado así. Más bien habíais planeado todo lo contrario: imposible comer juntos, imposible vernos por la tarde. ¿Y? La vida o qué sé yo... lo cambió. Fue posible comer juntos, fue posible vernos por la tarde. Fue posible que me llevaras a un lugar que, con sólo llamarse como se llama, es una especie de comienzo del mundo entero, del universo sin fin. Un lugar bellísimo, en el que pasó de todo. Ya lo conocíamos, lo conocí de tu mano y ese día me lo hiciste conocer desde otro rincón, salvaje y placentero al mismo tiempo, al máximo mismo tiempo.

Tendemos a programar. Queremos programar, programar, programar. Como si nos fuera la vida en ello. Pobres ignorantes, por no darnos cuenta de que es todo lo contrario. Me vienen ahora a la memoria las palabras de un sabio: la vida es peligro puro y duro; vita pericolosa, dijo. Según él, desde que nacemos estamos expuestos a mil y un riesgos, por aquí y por allá. Sin embargo, nuestra tendencia es asegurar la vida: seguros para todo (casa, coche, vida), puesto de trabajo fijo, pareja indisoluble..., todo para siempre. ¿Conclusión?: recorremos la vida a contracorriente de su propia esencia, el riesgo. La vida es aventura; nosotros lo desechamos. La vida es no saber en todo momento; nosotros pretendemos saber antes, durante y después. La vida encierra sorpresas; tengo la impresión de que cada vez menos personas aman las sorpresas y ¡no imaginas cuánto disfruto sintiendo que a ti te gustan!

Me das vida cuando me invitas a arriesgarnos a hacer en un día algo no previsto. Cuando en ese rincón te muestras afín a la vida: tierno y salvaje. También me das vida cuando apareces ante mí como ser experimentado, y como hombre que duda, como persona que se contradice y evoluciona, como ser reflexivo que de una evidencia material (los espejos retrovisores y el parabrisas de un coche) extrae la esencia.

En ocasiones me cuesta mirarte a los ojos porque... me das tanta vida... que la sobredosis de vida no tiene más remedio que salir. Y a veces busca las puertas más accesibles, los ojos. Y se convierte en agua. Y sale. Porque... porque dentro de mí ya no cabe más, porque gracias a ti ya no cabe más.

Intuyo que por eso la vida y tú sois pura tentación... Por cierto, ¿qué se puede hacer con las tentaciones? Pues eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario