Nueve meses después de aquello hay un momento en que Nieves dice que, si lo llega a saber, hace lo que ocasionó su lesión medular mucho antes de cuando lo hizo. No sabe aún que casi cinco años después va a tener la impresión de haber permanecido demasiado tiempo en un lugar equivocado y de haber perdido ese tiempo de activismo en el rincón al que se siente pertenecer, el de la lucha por los Derechos Humanos de las Personas Discriminadas por su Diversidad Funcional (PDDFs). Y tampoco sabe que un día lamentará su aterrizaje con retraso por no tener historial activista en ese ámbito y porque eso parece que importa... o así lo siente ella.
Marcos, usuario de silla de ruedas, se compra un coche nuevo. Su primer coche. Quince días después, el fin de semana le toca trabajar y no puede ir al gimnasio con su vecino Nicolás y el hijo de éste. Nicolás se lamenta de perder dos días de gimnasio. Marcos le pide que sólo vayan al gimnasio y le presta las llaves del coche el viernes, sabiendo que Nicolás aún no tiene carné para conducir coches adaptados, pero que ha sido conductor de camiones durante varios años en Rumanía. El lunes siguiente Marcos recupera las llaves y ve que desde el viernes el coche ha recorrido 300 km. Nicolás niega haberlo cogido más que para ir al gimnasio. Marcos descubre que el hijo de Nicolás, un adolescente de catorce años, ha cogido las llaves y el coche acompañado por alguien que lo conducía; otros vecinos lo vieron salir del garaje el sábado por la noche.
Chica y chico se conocen a distancia. Deciden verse en persona y ella viaja en su coche hasta donde vive él. Cuando se encuentran, él propone que vayan en un solo coche y ella sube en el de él. Pasan juntos cinco intensas horas, viendo paisajes hermosísimos, disfrutando y conociéndose. Al despedirse él le dice que le gustó que ella viniera y que se subiera en el coche de él como la cosa más natural del mundo, aunque apenas se conocían. Dentro de sí, ella se pregunta por qué no habría de haberlo hecho así. Fuera, sonríe.
Miguel vive en un pueblo. Unos vecinos de su misma calle dan de comer y cuidan a varias decenas de gatos callejeros. Cuando Miguel sale con el coche pasa por esa casa. Debe de haber más de cincuenta miaus. Un día saluda a los vecinos y les dice que es esencial esterilizar a las hembras; ellos le explican que están haciéndolo poco a poco debido al coste económico de las operaciones. A partir de ese día Miguel costea algunas esterilizaciones, compra comida para los gatos y les da en ocasiones dinero a los vecinos para que ellos compren comida. Un día uno de los vecinos le dice a Miguel que no es muy habitual lo que está haciendo. Miguel comenta que es lo que le sale de dentro hacer.
Manuel vive a unos 75 km de Madrid. Empieza a colaborar con un foro de lucha social pro Derechos Humanos. Cuatro meses después fallece una compañera del foro, madrileña. Aunque no la conocía en persona, Manuel siente que quiere ir a su entierro. Y va. Allí conoce a otros cuatro compañeros. Uno de ellos le pregunta cómo es que se ha desplazado hasta allí. Manuel tiene ganas de responderle al estilo de la película “Frankie y Johnny”: chica y chico se conocen en el bar donde trabajan, una compañera fallece, el chico va a su entierro, la chica le pregunta por qué ha ido si no conocía a la otra compañera, y él le responde que por empatía. Pero Manuel no acierta a explicar esto y sale del paso diciendo que ha ido porque no se creía la noticia, porque tenía correos de su compañera de hacía diez días y le parecía increíble que ya no estuviera. Empatía; ése fue su auténtico motor.
En Un tranvía llamado deseo y en Todo sobre mi madre el contenido de la frase de Blanche (Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos) se me revela como la esencia del auténtico humanismo.
Eso sucede en la ficción. En la realidad quien confía en los desconocidos no es sensato, ni es normal. Lo habitual es desconfiar de aquél a quien no conoces. Dijo Jorge Semprún que el ser humano es capaz de las mayores atrocidades y, también, de lo contrario. A veces los genes, o las esencias personales, o el influjo de los astros concretado en los signos del zodíaco... A veces algo hace que primero pensemos bien de los demás. Y los padres de los hijos que piensan bien de los demás les dicen que se las van a dar todas en el mismo carrillo, y se las dan, pero...
Leo en Periodismo Humano una entrevista titulada Somos los hijos de la democracia y aún no hemos hecho nada por ella (http://periodismohumano.com/sociedad/sociedad-destacado/somos-los-hijos-de-la-democracia-y-aun-no-hemos-hecho-nada-por-ella.html). La entrevistada es Mónica Sala Valdés, activista del Movimiento 15M en París. Le pregunta la periodista a Mónica si es su primera experiencia como activista. Y Mónica responde: “Sí y ha cambiado mi vida en muchos aspectos. Para empezar, el trabajo en grupo y aprender a confiar en los demás sin conocerlos de nada... Es algo para toda la vida: aprender a delegar, el irte a casa sabiendo que otra persona lo va a hacer. Otra cosa: lo que une tener una misma ideología, no política, sino querer cambiar las cosas. Me siento más unida a estas personas que a las que conozco desde hace meses”.
¿Qué menos que creer en lo positivo de la condición humana?, ¿cómo plantearse la vida sin esta sencilla base que alimente nuestro día a día?, ¿por qué no confiamos, de entrada, en las buenas intenciones de los seres humanos?
Me digo a mí misma que no sé cuándo empezó a torcerse todo. Quizá con Caín... Quizá con la omnipresencia del sistema económico capitalista, que nos considera una mercancía, nos impulsa a considerarnos a nosotros mismos como tal, y fomenta que en nuestras mentes anide la idea de que todos somos mercancía. ¿Por qué, para multiplicar mi propia mercancía, he de impedir el desarrollo de la de los demás envolviéndolos en una nebulosa de dudas y temores nacidos de mi predisposición no positiva hacia ellos? ¿Por qué, en el otro lado, no entiendo que el mundo es como es? Me rebelo ante esa realidad y me pregunto por qué no creemos primero en las buenas intenciones del ser humano. ¿Tendría razón Hobbes cuando dijo que el hombre es un lobo para el hombre? No. No lo creo. Mejor dicho: ni puedo ni quiero creerlo. Prefiero creer que otro mundo es posible. Otro mundo y otra concepción del Hombre. Otra condición humana, empezando por nosotros mismos.